La niña que no podía parar de comer.

Estaba en la piscina municipal esperando a que mi hija acabara la clase de natación, y había una niña latinoamericana que flotaba en el agua como una ballena mientras su madre le gritaba desde fuera exigiéndole que moviera las piernas.
Sentada en un banco junto a mí, se levantaba nerviosa cada dos por tres para hacerle señales con los brazos a su hija,  que relajada y flotando a modo de plancha con brazos y piernas estiradas, mostraba una panza enorme bajo su bañador rosa palo.

– Es que tiene que moverse- me decía. Tiene que quemar calorías. Esta tan gorda. El médico me ha dicho que haga ejercicio todos los días, pero no tiene ganas. Me dice que le gusta la piscina, pero lo único que hace es perder el tiempo. Si es que no nada.

Yo la miraba y sonreía. Entendía perfectamente la preocupación de una madre con una hija de no más de 8 años que padecía una obesidad extrema, pero también entendía el comportamiento de la pequeña.
Con toda la grasa que llevaba a a cuestas, seguro que le era muy difícil ponerse en movimiento.
Sabiendo que el ejercicio no es el factor determinante para perder peso, me atreví a preguntar por sus hábitos alimenticios.

– ¿Y cómo come? ¿Come sano?
– Come de todo. No para de comer. Tengo un candado  en la puerta de la cocina. Si me despisto  entra y se zampa todo lo que hay en la nevera. Me roba dinero para ir a la tienda. En el cole devora todo lo que no quieren sus compañeros. Y yo ¿que hago? No la voy a encerrar.

Al oír esto se me pusieron los pelos de punta, porque estaba haciendo una descripción exacta de mí en mis peores momentos de la bulimia. La única diferencia es que yo evite la panza por medio del vomito y mis prácticas obsesivas de ejercicio físico.
Esta niña era un caso obvio de comedora compulsiva, una persona con un problema de adicción.

– Y ¿que comida tienes en tu casa? Porque si dices que come tanto, por lo menos que sea sano y de buena calidad.
– Bueno tengo de todo. Porque yo como de todo, y su hermana también.
– ¿Galletas, pan, bollería? – me atreví a preguntar sabiendo que me estaba entrometiendo en un tema personal  y que podía recibir una mala respuesta.
– Pues sí, porque a su hermana le gustan esas cosas  y ella  no esta gorda. No la voy a privar de algo porque la otra sea una glotona.

Ahí estaba el problema. Si la pequeña tiene una relación adictiva con la comida, que es más acentuado con la comida basura, y esta expuesta a ella porque otros familiares la consumen, le sera imposible resistir la tentación. Es como decirle a un alcohólico que no beba cuando otros familiares enfrían cervezas en la nevera y guardan sus mejores vinos en la bodega. O prohibir a un drogadicto a la heroína en pleno mono, que no toque la dosis que guarda su colega de piso en el cajón para una ocasión especial.

– Lo que le ocurre a Elizabeth (que así se llamaba) es que es una vaga- me explicaba la madre haciendo evidente su falta de conocimiento sobre un tema que yo he sufrido personalmente –  Tiene que hacer más ejercicio. Es lo que me ha dicho el médico. Que coma de todo con moderación y que haga más ejercicio.

Esta claro que cualquier otro mensaje distinto al emitido por su doctor no le iba a traspasar el tímpano. Esta madre como mucha gente sigue creyéndose el mito que nos vende la CocaCola y la esposa de Barack Obama: ” muévete, quema calorías, haz más ejercicio”.
Mis palabras sobre una adicción que cada vez esta siendo más reconocida en el ámbito científico habría caído en saco roto.

Cuando mi hija salió del agua me saludo con la mano.

– ¿ Es tu hija?
– Si
-Que guapa y tan delgadita.

“Tiene la suerte de tener una madre que un día también fue Elizabeth” pensé mientras le sonreía agradeciéndole el cumplido.
La experiencia me hizo sufrir durante muchos años, pero también me hizo entender el porque de muchos comportamientos patológicos con la comida. Este conocimiento me sirve para manejar mi problema con la comida y evitar que mis seres más cercanos pasen por la situación que yo pase “.

NOTA: No todo el mundo que come comida procesada se hace adictiva a ella, igual que no todo el que bebe algo de alcohol se convierte en un alcohólico.

2 comentarios en “La niña que no podía parar de comer.

  1. Me horroriza saber que hay personas tan cerradas y tan poco dispuestas a aprender, a buscar información, a interesarse por temas importantes que les conciernen… y además sean tan desagradables y hagan comentarios tan despectivos a sus hijos. Cómo vamos a ser, así, adultos estables y con autoestima?
    Me encanta que puedas educar a tu hija en la salud 🙂 ojalá no tuviéramos que pasar por ello pasa ser conscientes. A mí también me preocupa ver en mis seres queridos comportamientos obsesivos y trato de ayudarles. Alguna vez me han dicho: “pero si tú X (lo que sea)!”. Y pienso: precisamente por saber lo que es, no quiero que pases tú por ello…

    • Entiendo tu comentario, pero muchas veces las personas buscan ayuda cuando están preparadas para recibirlas. Si no es así, pueden interpretar un consejo como un ataque. Gracias por tu opinión.

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