Antes muerta que gorda

Si padeces anorexia, “antes muerta que gorda” es una razón importante para mantenerte en tu plan de adelgazamiento. La excusa perfecta para dar sentido a una existencia basada  en la nunca satisfecha pérdida de peso.
Da igual estar famélica, manteniendo en pie un cuerpo esquelético recubierto por un manto de piel peluda. Da igual haber pasado por el médico, que te ha amenazado varias veces con ingresarte para forzarte a comer. Da igual que todos te echen miradas de reojo y los más atrevidos te hagan preguntas del tipo: ¿que te pasa? ¿es qué no comes?

Tú tienes este mantra en la cabeza “antes muerta que gorda” y nada ni nadie te va hacen cambiar de padecer.

En base a él justificas tus comportamientos y obsesiones, y te sirve para juzgar a todos los que no ajustan a tu canon de belleza.

“Las chicas gordas me dan asco”, te has repetido a ti misma cuando das con ellas por todas partes. Porque están por todas partes. Sólo aquellas pertenecientes a tu club, el club de las privilegiadas, se salvan de tus reproches.

-¿Por qué no coges algo de peso? – me decía mi madre. Con lo mona que esta tu amiga Isabel.
Isabel estaba mona. Era una niña de peso normal para todos los mortales excepto para mí. Yo la analizaba escrupulosamente, y podía detectar algún pequeño michelin que sería una autentica tortura si tuviera que soportarlo bajo mi piel.

Yo no era como las otras chicas. Yo pertenecía a la élite.

Me sentía orgullosa de mi control, de mi dominio. Estaba por encima del hambre, una necesidad vital imprescindible para seguir viva y coleando.
¿Y si me topaba con otra anoréxica?
Entonces mis ataques eran más duros e intransigentes. Siempre había posibilidad de perfeccionar. Siempre se podía ser más delgada. Siempre, siempre……hasta que tu cuerpo físico perdía la batalla ante tu mente loca y obsesiva.

Eso le paso a Elena.
Cuando estaba en la Universidad, estudiaba detalladamente a todas las chicas que se me cruzaban por delante de mí. Y enseguida detecte a Elena. Una chica raquítica de un curso superior al mio.
¿Quién era esa chica? ¿Qué le estaba pasando?
No necesitaba respuesta a mis preguntas, su cuerpo lo proclamaba todo a voces,  Tenía un pie en el suelo y otro en la sepultura.

– Tiene anorexia- se comentaba en los pasillos al verla pasar. Nunca la hemos visto comer nada. En la cantina sólo bebe agua y toma cafe con sacarina.

El caso es que Elena desapareció.
Habían pasado varios meses y yo tenía mucha curiosidad por saber que le estaba pasando. Al final no pude aguantarme más. Me acerqué a su  clase y pregunté a otros alumnos sobre el paradero de  mi compañera y rival en el fascinante objetivo de adelgazar.
– Se ha muerto-me contestaron sin mostrar un ápice de conmoción.

Guau!. Sentí una bofetada invisible en mi cara.

¿Eso es todo? Te matas día y noche para adelgazar. Te sientes superior y especial frente al resto de los glotones mortales. Y cuando llevas el juego demasiado lejos y  desapareces de la faz de la tierra, nadie siente un mínimo de reconocimiento o compasión. Chim pump. Ya esta. Y todo continua. Las gorditas siguen en pie. Vivas y coleando. Tu sólo eres un suspiro que se llevo el aíre.

Elena se ha llevado consigo el mantra ” antes muerta que gorda”, y ahora podrá finalmente descansar en paz.

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